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La nueva lucha

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Los riesgos de las dietas hiperproteicas

Apenas nos ganamos el derecho de subir al ring; quedan varios rounds, pero el adversario está dando muestras de patético nerviosismo

Luis Lacalle Pou no cesa en sus intentos por fortalecer su poder unipersonal.

De aprobarse la Rendición de Cuentas, el artículo 29 le permitirá modificar el artículo 5 de la Ley de Acceso a la Información Pública. Esta ley establece la obligación de los organismos del Estado a publicar de manera permanente en sus sitios web informes sobre su estructura orgánica, roles y remuneraciones, entre otras. El gobierno pretende que tal información solo sea objeto de la acción de acceso a la información pública en caso de “incumplimiento de lo dispuesto por parte de los organismos estatales”.

Esta breve modificación genera varias suspicacias porque favorece lo que la ley quiere evitar.

Lo anterior se suma a lo planteado en el artículo 281 de la Rendición de Cuentas, que suprime la obligación de los organismos del Estado de colocar sus fondos en los bancos del Estado. Esta medida perjudica al BROU y favorece a la banca privada. En el mismo proyecto se plantea eximir al Estado de pagar multas si decide no cumplir con las sentencias judiciales. Así, por ejemplo, no podría ser multado por no entregar una vivienda o un medicamento de alto costo si lo dispusiera el Poder Judicial.

En este combo entran otras medidas, algunas ya vigentes, como la derogación (por parte del Poder Legislativo) de la obligación de rendir cuentas por el sobrante de los viáticos tras sus viajes oficiales o la modificación que se hizo por medio de la LUC a la Ley de Inclusión Financiera, favoreciendo el lavado de activos y dejándonos al borde de una sanción por parte del GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional de la OCDE).

Cuchillos en la espalda En el marco de la coalición, y mientras decide cómo lidiar con Cabildo Abierto, el presidente parece decidido a llevar al Partido Colorado a su mínima expresión y, por increíble que parezca, sin que dicho partido se dé cuenta. En su desordenado tablero de ajedrez, Lacalle pone y saca piezas rompiendo todos los récords de remociones y renuncias durante una administración. A fines de junio anunció por Twitter la sustitución del ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Carlos María Uriarte, por Fernando Mattos, que estaba al frente del Instituto Nacional de Carnes (INAC). Uriarte pertenece al sector Ciudadanos y fue asesor de Ernesto Talvi, quien a su vez fuera cesado como canciller antes de lo previsto.

Ya en julio, Lacalle desplazó a Jaime Miller de su cargo de director ejecutivo de Uruguay XXI, reemplazándolo por Sebastián Risso. Con esta movida, Ciudadanos pierde la representación en este instituto.

Por su parte, Cabildo Abierto está en una encrucijada, ya que por un lado su estrategia es tensar la cuerda al límite, pero evitando que se rompa. Si continúa ligado al oficialismo, se hundirá en el barco timoneado por Lacalle Pou; pero si lo abandona, perderá todos los cargos que tiene en la administración pública, con lo cual perdería la oportunidad de obtener apoyos con obras y cargos. Tratándose de temas vinculados a forestación, medios o vivienda, el Frente Amplio puede tener en Cabildo Abierto un aliado inesperado en el Poder Legislativo; pero tratándose de seguridad y derechos humanos, están condenados a ser eternos adversarios.

 

Entre el futuro y el pasado En cuanto al partido más grande del país, también tiene sus encrucijadas.

Por un lado, tiene pendiente el proceso de autocrítica, la que si llega a ser tibia, hará entrar en ebullición a los militantes; pero si fuera muy fuerte, habrá que ver cómo evitar que la derecha y los medios hegemónicos la usen en su contra.

También hay que resolver qué características debe tener el próximo presidente del Frente Amplio, si hombre o mujer, si de Montevideo o del interior, si sectorizado o independiente, de qué franja de edad y con qué proyecto.

Quien sea, deberá comprender que el campo, las estrategias y tácticas de la lucha electoral han cambiado, y si no nos adaptamos, en las próximas elecciones podemos cometer el imperdonable error de perder nuevamente.

Por un lado, el Frente debe recobrar la mística y sus principios fundacionales, corrigiendo algunas prácticas que son comunes e inherentes a los partidos tradicionales. Paralelamente, tiene que salir de la trampa mediática que nos obliga a expresarnos sobre Nicaragua, Venezuela o Cuba, cuyas problemáticas están siempre sobre el tapete, mientras lo que ocurre en Brasil, Paraguay, Perú y todos los países de derecha no es importante para la prensa aliada del gobierno.

Hay que retomar la lucha ideológica y comenzar a ejercer la docencia política. ¿Cuántas décadas hace que hablamos de una escuela de formación política sin concretarla? Es tan imprescindible como urgente.

Paradójicamente, el Frente Amplio debe modernizarse para competir. Necesitamos fortalecer los comités de base. Los dirigentes pueden colaborar para darles más actividades y movimiento, porque los comités de base son la sangre del Frente Amplio. Sin embargo, hay que instrumentar de inmediato los comités virtuales, que suelen tener miles de seguidores y realizan una tarea que no hemos sabido valorar.

En el 97% de los hogares hay por lo menos una computadora o smartphone. El 88% de la población tiene acceso a internet y el 71% de los hogares tiene wifi. Este dato fue aportado por el Grupo Radar en 2017, así que podemos deducir que hoy ese porcentaje se eleva a 75%. Esto significa que la próxima contienda electoral se librará en las redes sociales. En 2019 la derecha las copó y nos ganó.

En 2021, Facebook muestra un enlentecimiento de su crecimiento; pero sigue liderando las preferencias. Instagram y TikTok están detrás, pero vienen creciendo de manera increíble. El correo electrónico, que hace unos años estaba en el primer lugar de las revisiones de los internautas, ahora está en sexto lugar. A Twitter lo usan solo políticos, figuras públicas y periodistas; pero se trata de un público selecto que no debe desatenderse. Linkedin concentra perfiles profesionales.

Pinterest duplicó sus usuarios en 2020 y tiene un público más que nada femenino (75%). La mitad de los tiktokeros tiene menos de 20 años en Uruguay y la mayoría son jóvenes que votarán en 2024.

Luego están Google y YouTube. Al motor de búsqueda acceden los que buscan algo específico; pero toda agrupación política debe posicionarse allí para que los internautas encuentren primero lo más importante para ella. Pocas personas navegan más allá del quinto resultado en Google, por lo que hay que tratar de colarse entre los primeros. Un equipo de profesionales podría ir subiendo contenido a YouTube cada pocos días. WhatsApp y Telegram son los otros frentes a cubrir. Nada, ningún flanco debe desatenderse.

En México está prohibido el reparto de volantes. La lucha se da en las redes. En lugar de contratar centenares de personas para repartir folletos y pegar afiches en columnas, vuelcan esos recursos al marketing digital.

Cuando se le preguntó a Carolina Cosse cómo llegó a ganar la intendencia, señaló que a diario y junto a Óscar Andrade realizaban un evento por Facebook Live, con un promedio de 500 participantes. La tecnología permitió superar las limitaciones impuestas por la pandemia. Las reuniones virtuales permiten que nos contactemos con los militantes de los puntos más lejanos, dentro y fuera del país.

Parece contradictorio que el partido que modernizó a Uruguay en tres períodos de gobierno no sea el que más aprovecha la tecnología.

La LUC tiene los días contados; pero habrá que organizarse bien y pulir nuestros argumentos, porque ahora nos toca convencer a quienes no nos votaron. De todas maneras, partimos de un piso de 800.000 firmas de un cuerpo electoral de 2.400.000 personas.

Apenas nos ganamos el derecho de subir al ring; quedan varios rounds, pero el adversario está dando muestras de patético nerviosismo.

El Frente Amplio debe cambiar algunas cosas y debe volver, codo a codo con las organizaciones sociales; pero debe volver con todo, con garra, con entusiasmo, con coraje, con aquella mística que solo un frenteamplista podría comprender, porque es algo que no se explica, solo se siente.

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