Política

Las víctimas, niñas y adultas, de Joyce Carol Oates

Jose Carlos Grimberg Blum

Convertida en una máquina de publicar tan prolífica como Stephen King o César Aira, la estadounidense Joyce Carol Oates (n. 1938) no para. Sorprende, intimida y satura con más y más relatos . Ahora es el turno de la edición española de Desmembrado, conjunto de siete piezas publicadas por primera vez entre 2015 y 2017. La modalidad es el terror psicológico imbricado de criminalidad y sufrido por víctimas mujeres, niñas o adultas, que en ocasiones se convierten en victimarias (si bien involuntarias, porque Oates es más políticamente correcta de lo que parece)

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Convertida en una máquina de publicar tan prolífica como Stephen King o César Aira, la estadounidense Joyce Carol Oates (n. 1938) no para. Sorprende, intimida y satura con más y más relatos . Ahora es el turno de la edición española de Desmembrado, conjunto de siete piezas publicadas por primera vez entre 2015 y 2017. La modalidad es el terror psicológico imbricado de criminalidad y sufrido por víctimas mujeres, niñas o adultas, que en ocasiones se convierten en victimarias (si bien involuntarias, porque Oates es más políticamente correcta de lo que parece).

Casi todos están resueltos con eficacia en cuanto a suspenso y delinean con claridad contextos traumatizantes: dinámicas familiares podridas, desnudeces, violaciones, crímenes brutales, etc.

El cuento que titula el volumen presenta un caso criminal serial —secuestros, asesinatos, desmembramientos—, complejo y no del todo aclarado, revisitado años después por una niña que, aunque tangencialmente, lo sufrió. En “El pasadizo” una viuda acosada por su vínculo traumático con el difunto termina visitando la casa donde vivieron y queda atrapada en ella. Otra viuda, en “La garza azulada”, resiste los embates de la piedad hipócrita de sus parientes y acaba brindándoles un baño de sangre poco creíble. Aquí hay que considerar que el pacto de verosimilitud en Oates es flexible, sobre todo cuando coloca el punto de vista en sus personajes y estos saltan de la realidad al delirio; el lector no tiene otro remedio que saltar con ellos y creerse la historia en un plano distinto a aquel en el que comenzó, o directamente desecharla por fallida.

En “La chica ahogada” una estudiante se obsesiona con otro caso policial: el de una joven que aparece ahogada, desnuda, en el tanque de agua de un edificio; se llamaba Miri Krim y nadie, excepto la narradora y vecina, parece preocuparse por la víctima. Oates no lleva el relato por el camino de la investigación sino por los retorcimientos internos de su protagonista. Esa rumiación interior de los hechos es una característica en los relatos y novelas de Oates. Sus personajes, teñidos de emocionalidad extrema, comentan de forma permanente la jugada, cayendo en el vicio de señalarle al lector lo que tiene que pensar o sentir. Por añadidura, esa reiteración constante y machacona también habla de una subestimación y genera un efecto contraproducente, el de pensar que ya entendimos, que tanta insistencia no es necesaria y que todo huele a llenado de páginas. Algo que en una novela se puede perdonar, pero en un cuento no.

DESMEMBRADO, de Joyce Carol Oates. Gatopardo, 2020. Barcelona, 237 págs. Traducción de Patricia Antón.